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viernes, 24 de agosto de 2012

asume su rol de ex-cadete Winston Estremadoiro y testimonia ciertos hechos que bien conoce y se suma a la denuncia de corruptela en su estupendo texto sobre Barcarola y Cuentos Chinos


El otro día inquirí a mi esposa si conocía una canción que en la voz de Nana Mouskouri inundaba la casa. No, respondió. Alardeé de que era la “Barcarola” de la ópera “Los Cuentos de Hoffmann”, de Jacques Offenbach. Recordé al Hermano Enrique, Conde de las Moras, que me hacía cantarla en el colegio, en clase de música con acompañamiento de armonio. Versión piadosa y en español por supuesto, no fuera que la romántica letra de la “Belle nuit” o “Nuit d’amour” indujera malos pensamientos en muchachotes en el umbral de la pubertad. Eso fue hasta que el cambio de niño a joven me acarreara gallos, sin que valieran los pellizcos en mi brazo del querido “Fifí” para detener el proceso, y vaya que me iba a sacar las criadillas para seguir con voz de castrati.
No es sobre música clásica esta nota. Más bien, arriesgo que un par de macizos sargentos me sacudan los huesos a patadas, mandados por alguno de los generales beneficiados por la decapitación de varias promociones de oficiales ejecutada por este gobierno. Me juego el lance que algún camarada de la Promoción Reconquista del Colegio Militar me vuelque la cara, porque si hay algo que reconquistar, es la honestidad en el estamento armado, en aras de la dignidad del uniforme. Suena cursi, lo sé, cuando evoco a una dama beniana que se mantuvo invicta hasta anciana y tullida. Desde su sillón clamaba: -¡virginidad, tráeme un vaso de agua!; ¡dignidad, ayúdame a sentarme en la bacinica! Y es que sin tener mar, hoy las Fuerzas Armadas se bambolean en un océano de hediondo oleaje de corrupción.
Tampoco es una barcarola la que me motiva, a menos que se trate de la barcarola de los cuentos chinos, del tufillo que emana de las 16 barcazas y dos propulsadores que la Empresa Naviera Boliviana (Enabol) encargó “por 30 millones de dólares”, a dos firmas coreanas, que ineptas de cumplir traspasaron el contrato a un astillero chino. Es cuento de incrédulos ojos rasgados que merece contarse.
A fines de 2011, el Presidente había determinado que “como la Fuerza Aérea Boliviana tiene su empresa de transporte aéreo, Enabol no dependerá del Ministerio de Gobierno, sino dependerá de la Armada Boliviana”, recalcó entonces el Mandatario. En abril de 2012, con bombos y platillos, el periódico oficial anunciaba que la Armada tendría dos trenes que empujarían 16 barcazas para el transporte de minerales en la Hidrovía Paraguay-Paraná.
Lo primero que me pregunté es por qué muelle saldría el mineral, hoy que Puerto Aguirre está acosado por la Aduana y de todos modos no da abasto con la soya de Gravetal, que ya no es colombiana sino venezolana. Por Puerto Busch, dirá algún ingenuo, al que habrá que abrirle los ojos sobre el avance de las instalaciones portuarias a construirse por los navales, para no hablar del ferrocarril de 50 Km del Mutún a la Punta Man Césped.
Resulta que a principios de julio 2012 se reportó el embrollo. Las naves no llegaron al país, pese a que habían cancelado tres millones de dólares adicionales por el transporte de Buenos Aires a ¿Puerto Busch?, por la hidrovía. La compañía de bodegaje china, donde se encuentran los dos empujadores de 5.5 millones de dólares cada uno, ha sido embargada por líos judiciales. Para recuperarlos, Bolivia debe iniciar un juicio en China, con abogados que hablen mandarín. Se firmó contrato sin obtener boletas de garantía del pago de 25 millones de dólares – ¿qué pachó, Pacho, con los otros cinco anunciados?
¿Será nomás, como alguna vez sostuve, que el proceso de cambio es relevo de rateros? Porque si de proceso de cambio se trata, el rasero con que se miden los hechos corruptos cambia según de quién se trate. Corren apuestas que resultará en otro enjuague la auditoría que se propone hacer a Enabol, pero que debería extenderse a la Armada de la que depende, el Ministerio de Defensa que los cobija, y el Ministerio de Economía y Finanzas que desembolsó el dinero.
Hace poco exoneraron a un general por la compra irregular de 400 espadines para cadetes del Colegio Militar, mediante un contrato de excepción con pago adelantado, con sobreprecio comparado a los ofrecidos por firmas europeas con experiencia, a una empresa de su mismo apellido dedicada a otros rubros, que subcontrató a otra, que tenía que entregarlos hace año y medio y entregó solo 300. ¿Será la misma vara judicial la que defenestró a un gobernador democráticamente elegido por la compra de un motor de luz para un pueblo del Beni? Si René Joaquino fuera oficialista, le habrían dado una medalla por adquirir vehículos usados para la Alcaldía potosina, ahorrando una ponchada de plata a un municipio pobre, ¿o es que todas las compras de vehículos sin licitación tienen que ser de la importadora de la que se rumorea es eventual accionista un mandamás nuevo rico del Gobierno? Digan si no da para sospechar de las compras sin licitación para la Fuerza Aérea y el Ejército.
El mismísimo Presidente del Estado Plurinacional lamentaba el otro día que entre las debilidades del proceso de cambio están la corrupción, el narcotráfico y la reforestación. Sobre esta última, trataba del tema de reforestar: será pues el monte que tumban las langostas cocaleras y campesinas, quizá en su empeño de hacer un erial de la cornucopia selvática boliviana. Pensé en las lágrimas de cocodrilo, que ruedan de sus ojos no por pena, sino porque sus glándulas se estimulan al pasar la infeliz víctima a la barriga llena, corazón contento, viva el Movimiento (esta vez, al Socialismo).