Páginas vistas en total

sábado, 26 de enero de 2013

recuerda El Deber la "reestructuración pendiente" en la institución policial, que se anuncia y que no se da. los casos de corrupción con un general condenado en los EEUU, varios generales presos en Palmasola y La Paz, y cientos de expulsados concita la atención, aunque no se ven soluciones pese a los extremos a que se llegó.


Los casos de corrupción suman y siguen salpicando a la Policía boliviana, cuya restructuración, tantas veces anunciada en los más diversos niveles y tonos, parece postergada para las calendas griegas. En las últimas horas, el Ministerio Público dispuso la aprehensión de tres exjefes policiales presuntamente implicados en la irregular adquisición de departamentos en un edificio construido en la ciudad de La Paz por la Cooperativa de la Vivienda Policial. Uno de los implicados en el hecho fue comandante de la institución verde olivo y viceministro de Seguridad Ciudadana. Tiempo atrás, a otro alto jefe policial, ‘zar antidroga’, lo pillaron con las manos en la masa y ahora cumple su condena por narcotráfico en una cárcel de Estados Unidos. Un ominoso manto de olvido tiene cubierta, como a otros de una muy larga lista, la investigación del escandaloso suceso.
A fines de 2012 durante la toma de posesión del último comandante policial, Cnel. Jorge Alberto Aracena, el presidente Evo Morales le exigió ‘resultados’ y acabar con la corrupción. En el mismo acto, el jefe de Estado pidió bajar de peso a los uniformados obesos y que no le graben sus reuniones con el alto mando de la Policía. Aracena se puso a disposición de Morales y le prometió lealtad con el ‘proceso de cambio’. Fue su respuesta.
A mediados del mismo año, durante la Cumbre Nacional de Seguridad Ciudadana realizada en esta ciudad, fue demandada la ‘desconcentración’ de la Policía para que su funcionamiento sea más eficaz. Desde entonces, no se ha vuelto a hablar del tema. Tampoco le llevaron el apunte a un senador oficialista, Isaac Ávalos, cuando después de la brutal represión policial en Chaparina contra los marchistas por el Tipnis, propuso la ‘restructuración total’ de la Policía. Todavía es recordado el violento motín policial de junio de 2012 iniciado en la sede de Gobierno en demanda de un mejor tratamiento salarial. La revuelta se amplió y radicalizó con la toma de comandos departamentales en casi todo el país. En La Paz hubo saqueo y quema de documentos de las unidades de Inteligencia y Disciplinaria. Cuando las aguas se calmaron, las cosas en la Policía siguieron sin cambios mayores.
Entonces, mientras su restructuración siga siendo como hasta ahora una tarea pendiente, la Policía no podrá deshacerse del pesado lastre de la corrupción que arrastra y que ha minado sus estructuras, a la par de su prestigio y credibilidad frente a un conglomerado social que se siente cada vez más desprotegido en un imperante clima de inseguridad y temor