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sábado, 14 de septiembre de 2013

Roberto Méndez humoriza la nueva situación en Palmasola donde se han abierto "nuevos puestos de comida" con títulos alusivos. divertido.

El traslado de los nueve detenidos del caso Rózsa cada dos semanas, de La Paz a Santa Cruz ha cambiado la vida en la cárcel de Palmasola y también los ingredientes, pues dos de ellos han puesto, lado a lado sus pensiones como forma de obtener recursos económicos para sobrevivir un proceso que lleva cuatro años y que nadie sabe cuándo va a acabar.

“El Viejo Terrorista” se llama el local que abrió Ignacio Villa Vargas, un personaje polémico que primero fue ofrecido como testigo clave por el Gobierno, en la acusación de terrorismo y separatismo contra 38 imputados, pero que ahora amenaza con ser uno de los principales detractores porque anuncia, después de la declaración del húngaro Elöd Tóásó, “una bomba”, pues presentará un video. En la pensión ofrece desayuno, almuerzo y cena a precios módicos. “Hay que vivir de algo”, dijo Villa, de 61 años,  padre de dos hijos quien dice que debe costearse los gastos de medicamentos para la diabetes y la hipertensión que padece. La audiencia de ayer en la mañana tuvo que suspenderse momentáneamente porque estuvo a punto de vomitarse.

'La medialuna'. 
La otra venta de comidas llamada “La medialuna” en la que los fines de semana se ofrece pescados es la de Carlos Guedes Bruno, un exdirigente de la Unión Juvenil Cruceñista, padre de cuatro hijos, autor del libro “Desde adentro” que revela testimonios de las presuntas torturas y del presunto montaje del caso terrorismo.
Su esposa, Martha Landívar, es quien ha tomado las riendas, pues durante la ausencia de su marido vendía comidas en la noche en la casa donde viven en la zona de la Estación Argentina.

Viven como en familia. Durante las audiencias en el Palacio, se observa que los 21 imputados que asisten se turnan para traer a la sala diferentes tipos de meriendas y por el hecho de haber compartido tanto tiempo, se hablan por sus apodos, algunos suigeneris, como 'el Dr. silencio' y bromean sobre sus enfermedades.
También hay cierto recelo entre ellos, algunos porque dicen que son funcionales supuestamente a la estrategia del Ministerio de Gobierno y la Fiscalía para condenarlos.
Cada que se reinstala una audiencia aparte de los policías cubiertos de pies a cabeza con pasamontañas también han aparecido  agentes de inteligencia camuflados.
Asimismo, se ha observado que acuden estudiantes y profesores de Derecho de varias universidades a mirar como una especie de laboratorio el desenvolvimiento del caso.
Abogado Defensor
Sergio Rivera

‘Las armas eran de 
utilería’
Con ocho años en el ejercicio de la abogacía, el paceño Sergio Rivera, el defensor del húngaro Elöd Tóásó, “habla más latín que el papa”, dijeron ayer en la sala, porque en una intervención se enfrentó a los fiscales con la cita de varios aforismos jurídicos. Después de tres semanas de interrogatorio a su cliente hablamos sobre la evaluación que hace.

P. ¿Qué se puede sacar en limpio?
S.R.: Que hasta ahora los fiscales no han podido demostrar ni probar nada. Por el contrario, Tóásó ha dicho que el 15 de abril del 2009 no salió del hotel Las Américas y eso lo corroboran los empleados, que las armas con las que aparecen eran de utilería para usar en la película que iban a filmar y por la que vino a Bolivia.

P. ¿La Fiscalía habla de flagrancia?
S.R.:  Eso es para justificar su ingreso ilegal al hotel, sin orden judicial y sin presencia de un fiscal.

P. ¿Su cliente habla de ejecuciones?
S.R.:  También en estas dos semanas, Tóásó habló de la ejecución extrajudicial del irlandés Michael Dwyer y dijo que a Rózsa y Árpad Magyarosi tampoco debieron ejecutarlos.