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lunes, 24 de febrero de 2014

Maggy Talavera se extraña de aquellos que no se atreven a denunciar la extorsión, es que duda que existió? y lo otro se refiere en dos acápites "el poder sigue dando golpes a su favor" y que la "inteligencia gubernamental" está desviando la atención de los temas importantes.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, dice uno de los versos de Joan Manuel Serrat y pienso cuán certera es la afirmación. Sobre todo hoy, cuando hay una verdad que quiere estallar, pero que queda presa en la boca de quienes deberían decirla. Hablo del caso Rózsa-Soza y de las denuncias de extorsión que por fin han comenzado a dejar el anonimato para hacerse públicas y acercarnos un poquito a una verdad que quedará, pese a todo, a medias.
La pregunta que no quiere callar es: ¿por qué son pocos los que se han atrevido a decir públicamente que fueron extorsionados por funcionarios del Gobierno y/o por fiscales y abogados que manosearon el caso (sí, manoseo), que explotó en abril de 2009, con tres muertes provocadas por la UTAC en el hotel Las Américas? Pocos y tarde, además. Algunos explican el silencio y la demora con el terror que se apoderó de ellos tras conocer las ejecuciones de Eduardo Rózsa, Árpád Magyarosi y Michael Martin Dwyer, las que fueron seguidas de inmediato por el allanamiento a la Fexpocruz, donde el Gobierno dijo haber hallado las armas de los ‘terroristas’.
El desbande que hubo entre los que ya comenzaban a ser denunciados como ‘autores intelectuales’ y ‘financiadores’ de lo que el Gobierno llamó complot de ‘terroristas’ para ‘matar al presidente’ y ‘separar’ Bolivia, sembró dudas desde el inicio. ¿La historia oficial estaba bien contada? ¿Quién de armas tomar huye con la cincha en la verija tras la primera amenaza? Ahora se sabe que antes de que se seque la sangre de los tres muertos, el responsable del operativo en el hotel, Luis Clavijo, ya estaba contactándose casi de incógnito con algunos de los que figuraban en la lista del Gobierno como ‘culpables’, como ha dejado en evidencia el propio Clavijo y lo ha confirmado Ronald Castedo.
Eso, para comenzar, porque después sería el turno del fiscal asignado al caso, Marcelo Soza, acusado de extorsión por varios de los imputados, entre otros, Zvonko Matkovic Fleig, al que ninguno de los señalados por él como víctimas también de extorsión ha querido secundar en la denuncia. ¿Por qué callan? Matkovic no parece mentir. Tengo la sensación de que muchos creen estar a salvo callando. O, lo que es aún peor, sometiéndose al juego del chantaje de un poder al que no le conviene que la verdad se abra camino y que sigue dando golpes certeros a su favor: ha desviado las miradas que debieran estar fijadas en Clavijo, Soza y otros, a una pugna local oportunamente y muy bien reactivada por los ‘ases’ de la Inteligencia gubernamental